Análisis crítico de la evaluación institucional desarrollada en el
sistema educativo salvadoreño.
La
pregunta planteada por Bolívar (2006) al respecto de cómo hacer gobernable la enseñanza,
es decir, cómo desde la política educativa se puede influir positivamente en lo
que se hace en el aula, ha llevado a proponer la evaluación institucional como
una vía que promueva y posibilite la mejora del sistema educativo. En este sentido, la evaluación institucional
desempeña una función de primer orden, en cuanto elemento de información
valorativa sobre el estado de la educación brindada por un determinado centro
(Tiana, 1996).
En
El Salvador, la necesidad de esta evaluación ha sido señalada por diferentes legislaciones;
así, la Ley General de Educación (1996) plantea que la evaluación es un proceso
integral y permanente, que deberá apoyar la toma de decisiones para mejorar la
calidad, eficiencia y eficacia del sistema educativo.
No
obstante, a pesar de estas orientaciones legales, el Ministerio de Educación
(2015) reconoce que no se ha podido establecer un organismo permanente de
evaluación educativa, y admite, a su vez, que no se han dado avances significativos
en la evaluación de la gestión institucional. De ahí que se reconozca la necesidad
de implementación de un sistema nacional de evaluación educativa, como uno de
los momentos fundamentales en la ruta de la superación del atraso secular del
sistema educativo público; y como se señaló con anterioridad, un aspecto
central de este proceso de evaluación educativa es el concepto de calidad, que
funciona como marco normativo para la crítica del sistema educativo (MINED,
2015).
A
pesar de las deficiencias mencionadas a nivel de evaluación institucional en el
país, en la búsqueda de la calidad sí se han establecido algunos procesos de
evaluación institucional. Se debe reconocer que estos procesos de evaluación
están dirigidos principalmente a centros educativos privados, mientras que la educación
pública ha sido dejada de lado cuando debería ser una de las preocupaciones
centrales de los gobiernos. No obstante, vale también la pena retomar estos
modelos de evaluación aplicados en el país como punto de partida para
consolidar procesos más sistemáticos, integrales e integradores de evaluación
institucional.
En relación a lo anterior, en el artículo 45
de la Ley de Educación Superior se afirma que el Ministerio de
Educación, con el fin de comprobar la calidad académica de las instituciones de
educación superior o de sus carreras, desarrollará procesos de evaluación de
las mismas, por lo menos una vez cada tres años, para lo cual podrá contratar
los servicios de expertos independientes. En concordancia con esto, uno de los
proyectos de evaluación institucional establecidos por el Ministerio de
Educación (MINED, 2010) es el Sistema de supervisión y mejoramiento de la
Calidad de la Educación Superior, y en el subsistema referido a la Evaluación
se sostiene que, ésta es una herramienta que se ofrece a las instituciones de
educación superior como una oportunidad para mejorar la calidad de los
servicios educativos y procesos académicos que se ofrecen.
En
párrafos anteriores se ha venido insistiendo en la evaluación institucional como
un mecanismo importante para la mejora de la calidad. Esto es evidenciado
también a partir de la Experiencia de evaluación institucional desarrollada por
el MINED (2012) referente a la Acreditación de Centros Educativos Privados,
cuya evaluación incluye todo lo
relacionado a los elementos que de manera externa deberán evaluarse, pero haciendo
referencia también a la autoevaluación para garantizar el buen funcionamiento y
calidad de los servicios que ofrece la institución educativa, como una
estrategia interna de valoración para la
toma de decisiones.
A
pesar de que en ambos modelos de
evaluación institucional desarrollados en el país se hace referencia al
análisis externo de la calidad educativa del centro, también en ambos se valora
la autoevaluación como el proceso de análisis objetivo, sistemático y continuo,
organizado y efectuado en las instituciones por un equipo interno de
profesionales o agentes internos de la propia institución (MINED, 2010), un
proceso que no puede ausentarse de la evaluación institucional en su totalidad,
aunque en algunos ejercicios tome más peso que en otros.
En
este sentido, se sostiene firmemente que si el país desea avanzar en el
establecimiento de un sistema de evaluación institucional debe tomar conciencia
de esta doble vía evaluativa, de análisis interno y externo, las cuales deben
integrarse con miras a lograr una valoración más completa de la calidad
educativa brindada por las instituciones, como una forma de abarcar de manera
más certera los puntos de mejora, pues como plantea Bolívar (2006), la
capacidad para mejorar precede a las demandas externas de rendimiento de
cuentas.
De tal
forma, la evaluación interna constituye el punto de partida de la evaluación
externa, proporcionando una base para comprender de modo específico el establecimiento
escolar, y realizar valoraciones posteriores desde una perspectiva exterior
donde se priorice la ética y el profesionalismo por parte de los evaluadores. Si
esta integración es lograda, la evaluación institucional de los centros se
constituye en un proceso y un espacio de confluencia, dirigida a la valoración
de la eficiencia en los recursos, de la eficacia en el logro de resultados, y
la valoración que conduce a la mejora
interna de la propia organización. Así, la necesidad de una determinada
institución por dar cuenta de sus propios resultados se combina con rendirse cuenta
de sus propios avances, para tomar medidas a nivel local.
No
obstante, nos advierte Bolívar (2006), con lo anterior deberá mantenerse
siempre un equilibrio entre la tendencia a universalizar condiciones y la
variabilidad y particularidad de cada centro escolar; de manera que exista
una adecuada combinación de exigencias
externas con dispositivos que desarrollan la capacidad interna.
Por
ello, aunque la evaluación educativa, en muchas ocasiones, ha sido un instrumento
al servicio de políticas educativas neoliberales y de propósitos desreguladores
(Tiana, 1996), o incluso en el país, ha estado ligada a intereses personales o
partidarios, y aunque los dos modelos de evaluación antes mencionados puedan
tener también alguno de estos vicios, no debe adoptarse una postura fatalista y
desechar la evaluación como herramienta poderosa. De ahí que, como sostiene
Tiana (1996) es vital reconocer la influencia de la evaluación en la conducción
de los procesos de cambio y reforzarla para cumplir este fin; de lo contrario
ésta será tomada como un requisito a cumplir y no como una herramienta
necesaria para la mejora.
Como
plantea Tiana (1996) este uso viciado es sólo uno de los posibles usos que
puede darse a la evaluación; por tanto, es responsabilidad de los diferentes
actores educativos exigir el uso adecuado de la evaluación, pues el conocimiento
del logro de los objetivos de un sistema
educativo es una tarea que, en democracia, compete a todos los ciudadanos. De
tal forma, es también tarea de todos responsabilizarse por el trabajo pendiente
en materia de la calidad educativa que se exige a las diferentes instituciones
educativas, y en este sentido devolver a la evaluación institucional su
utilidad más amplia, combinando las perspectivas interna y externa, de manera
que contribuya de manera más amplia a la toma de las decisiones adecuadas en
favor de una mejora constante.
Referencias
Bolívar,
A. (2006). Evaluación institucional: entre el rendimiento de cuentas y la
mejora interna. Gest. Ação, Salvador, 9(1), 37-60.
Ley N° 468. Ley de Educación
Superior. Diario Oficial de la República de El Salvador, San Salvador, El
Salvador, 10 de noviembre de 2004.
Ley N° 468. Ley General de
Educación. Diario Oficial de la República de El Salvador, San Salvador, El
Salvador, 21 de diciembre
de 1996.
MINED. (2010). Sistema de
supervisión y mejoramiento de la Calidad de la Educación Superior de El
Salvador. Subsistema de Evaluación: Manual para la preparación del Informe de
Autoevaluación. El Salvador: MINED.
INED. (2012). Manual
de Aplicación del Instructivo para la Acreditación de Centros Educativos
Privados. El Salvador: MINED.
MINED. (2015). Sistema Nacional de Evaluación: Gestión
2014-2019. San Salvador, El Salvador. MINED.
Tiana, A. (1996). La
evaluación de los sistemas educativos. Revista iberoamericana de educación, 10: 37-61.

Totalmente de acuerdo con el planteamiento de Pamela de que la evaluación institucional es un mecanismo importante para la mejora de la calidad, en ese sentido si el país desea avanzar en el establecimiento de una evaluación institucional y lograr mejorar la calidad educativa, es necesario que se realicen análisis tanto internos como externos de evaluación para lograr valoraciones más completas de dicha calidad. La evaluación externa supone una serie de ventajas como la independencia y objetividad, credibilidad, contextualización y comparación, etc., mientras que la evaluación interna ofrece una interpretación enriquecida basada en la percepción de las personas que trabajan en él. Según José Manuel Pascual, Director Docente en SEAS estudios Abiertos del Grupo San Valero, la gestión interna es un ámbito que debe estar en revisión constante, ya que es una manera eficaz de tener a la institución tensionada en el sentido pro-activo. El modelo de institución educativa debe ser el resultado de dicho método evaluatorio.
ResponderEliminarEstimada Pamela,
ResponderEliminarMuy buen artículo nuevamente. Hace una presentación ordenada y documentada de sus ideas, con una clara línea conceptual de pensamiento que se percibe a lo largo de todo el artículo.
Pese a presentar una postura crítica-racional de los proceso de evaluación realizados en el país, cierra el artículo dejando un mensaje de oportunidad a la evaluación institucional como herramienta de mejora de nuestras escuelas.
Muy buen estilo y contenido de su artículo.
Rolando Balmore Pacheco.